
¿Acaso está mal darle a cada uno lo que se merece? ¿Esperar el momento preciso para adecuar el justo equilibrio de la existencia? ¿Domeñar los defectos ajenos proporcionándoles unas dósis de su antídoto? ¿Despreciar a los provocadores, parar los pies a los metijosos, ignorar a los envidiosos, humillar a los vanidosos… no ayuda a hacer un MUNDO MEJOR?
La belleza es la percepción sensorial cognitiva que estimula un patrón aprendido de armonía al percibir una entidad física que nos produce una sensación de placer; puede ser auditiva (escuchar una pieza musical o una voz agradable asociada a una persona querida); o bien, visual (ver un(a) modelo de armoniosa figura o un paisaje cuyos componentes nos dan serenidad, grandeza, solemnidad y agrado). Los otros sentidos como el tacto, el gusto y el olfato no tienen tanta relación con este aprendizaje. En su sentido más profundo, la belleza puede engendrar una experiencia emanada una reflexión positiva sobre el significado de la propia existencia de alguien. “Un objeto bello” es algo que revela el significado personal. Enseñanzas religiosas y morales a menudo enfocan la divinidad y la virtud de la belleza, y afirman la belleza natural como un aspecto de espiritualidad y verdad…
Sin embargo, la verdad en la mayoría no produce placer, sino dolor. Así que la humanidad, en general, es amante de lo feo (falso, no verdadero, simulado).
Hay que desenseñar a desaprender cómo se deshacen las cosas…
